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La filosofia que se ha olvidado de la ciencia

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La filosofia que se ha olvidado de la ciencia

Mensaje  BonitaN4ty el Mar 30 Ago 2011, 09:18

Antiguamente no existía distinción entre filosofía y ciencia ya que los filósofos eran los científicos, a medida que el conocimiento del mundo aumentaba ya no podía ser abarcado por un sólo hombre, por lo que el principio de especialización comenzó a primar, el mundo que queríamos conocer debió ser parcelado a la hora de la investigación, así nacieron las distintas ciencias. No digo nada nuevo, la mayoría de las personas interesadas por el conocimiento saben esto, pero posiblemente no hayan advertido lo siguiente: si lo que tenemos para conocer es el mundo, el universo, y la forma de conocerlo es a través de las distintas ciencias, ¿qué pretende llegar a conocer la filosofía? Acaso ¿existe algo más allá del universo para ser conocido?

Cambiemos la pregunta: ¿Existe algo para ser conocido que pueda ser accesible a un método propiamente filosófico distinto al método científico?

Como verán esta pregunta es terrible para la filosofía actual.

¿Qué es lo que está mal en todo esto? Que la ciencia hubiera parcelado el mundo para estudiarlo es entendible, pero ¿por qué se separó la filosofía de la ciencia? ¿qué pretendían los filósofos al tratar de demarcar un objeto propio que ningún filósofo logró verdaderamente delimitar? Si la filosofía busca el conocimiento del mundo, este conocimiento nos lo van a proporcionar las distintas ciencias. Si la filosofía busca la verdad, la verdad acerca del mundo también nos lo proveerán las ciencias. Si algún filósofo rezagado quisiera reclamar el estudio del alma, la psicología es la ciencia encargada de investigarla.

En este punto quiero hacer un apartado, pues hasta ahora la actividad filosófica se ha sostenido a partir de un gran número de equívocos, y cuando se señala uno quedan ocultos los demás, y nunca se llega a comprender verdaderamente la inconsistencia de esta actividad.

Dije que la ciencia debió parcelar la realidad para poder estudiarla, los filósofos señalan que al actuar así el científico conoce mucho acerca de su objeto y prácticamente nada de todo lo demás, por lo que los filósofos tendrían la tarea de acudir en ayuda del pobre investigador científico y llevar adelante la síntesis de todo el conocimiento. La imagen que tiene el filósofo del científico es la de un técnico que descubre cosas acerca de una parcela muy estrecha de la realidad, pero que no puede entrever las repercusiones de ese conocimiento. El filosofo sería algo así como un guardián del saber, para el que todos los científicos estarían proveyendo conocimientos parciales de la realidad, que él, luego sintetizaría en grandes teorías. Claro, esta imagen del filósofo es la que predomina entre quienes no tienen conocimientos de ciencia. Para que así fuera deberían ocurrir dos cosas, la primera que los científicos fueran tontos, cosa que no ocurre, porque la parcelación en la investigación de un objeto complejo se hace siempre, pero al hacerlo no se descuida la interacción de ese objeto con todos los demás, los propios filósofos se especializan al investigar. Unos pueden estudiar las emociones, otros la memoria, otros la ética, etc. Lo segundo que debería ocurrir sería que los filósofos tuvieran los conocimientos que provee la ciencia para lograr la síntesis, cosa que tampoco ocurre. La mayoría de los filósofos se encuentran completamente apartados de la investigación científica. No tienen idea de por donde va la ciencia, lo peor de todo, es que ni les interesa saberlo. Son los filósofos los que quieren apartarse de la ciencia, marcar distancia. Pero al hacerlo, apartan la actividad filosófica del campo del saber. En realidad es lo que han hecho, por este motivo si conversan con un filósofo verán que tienen muy pocos conocimientos de ciencia, un chico de bachillerato puede que tenga mayores conocimientos científicos que el filósofo.

Este es el elemento esencial de la actual actividad filosófica, un rasgo que dejaría perplejas a las personas que imaginan al filósofo como un Sumo Sacerdote del Saber: la actividad filosófica se ha apartado completamente del campo del saber.

Hoy los filósofos saben muy poco, lo peor de todo es que están orgullosos, orgullosos de su ignorancia del conocimiento científico. Desean posicionarse por encima de la ciencia, pero al hacerlo simplemente la ignoran.

En el imaginario popular se alaba esta separación, se dicen cosas como “que la ciencia no tiene todas las respuestas”, la “ciencia ha ayudado al hombre en el aspecto tecnológico, pero no en el aspecto espiritual, ya que la ciencia no puede decirle al hombre qué debe hacer”. Sólo que la ciencia no tiene como cometido estas cosas. Con respecto a que la ciencia no tiene todas las respuestas, basta con decir que la misión de la ciencia es conocer el mundo, los distintos procesos que lo constituyen, mientras más sepamos acerca de las cosas mejor podremos saber qué hacer. Con respecto a que la ciencia no puede decirle al hombre qué debe hacer. La ciencia no tiene esa función, nada puede decirle al hombre qué debe hacer, cada hombre debe encontrar qué hacer por sí mismo. Aquí ocurre que se pretende que la ciencia ocupe el lugar de la religión, si las religiones ya no son creíbles se espera que otra entidad se encargue de dictaminar qué se debe hacer, pero el hombre es libre y es responsable por sus actos, por lo que deberá ELEGIR qué camino seguir. Desgraciadamente existen muchas personas con vocación de borregos que pretenden que les digan qué deben hacer, esas personas deberán crecer y aprender a decidir por sí mismas o caerán en manos de algún pastor mediático que se valdrá de ellos para sus propósitos.

Continuando con el análisis, si en el imaginario popular el conocimiento científico del mundo es de rango inferior y no tan importante, si se acepta que hay algo distinto al conocimiento del mundo que debe ser reclamado por la actividad filosófica, entonces ¿qué es lo que queda? Aquí es dónde saltarían muchos con cara iluminada gritando la ÉTICA. Para la gente que ni siquiera posee conocimientos de ciencias, por lo que la única manera de justificar esta ignorancia pasaría por desvalorizarlos, lo lógico sería decir que más importante que el conocimiento es su uso, por lo que el filósofo debería entregarse a dos grandes actividades: legislar sobre el camino que debe seguir la investigación científica y sobre el uso de los conocimientos que genere. Y en segundo lugar entregarse al estudio de la ética.

Basta con formularle esta pregunta a las personas: si el conocimiento del mundo cae en manos de la ciencia ¿a qué se dedican los filósofos? La primera respuesta que emergerá será: al estudio de la ética.

Los filósofos no se dedican a la investigación de la ética por una sencilla razón: para hacerlo la ética debería constituir un fenómeno relativamente independiente de la realidad con leyes propias, y esto no es así, la ética se desarrolla en los grupos a partir de preferencias grupales. Quienes insisten en la búsqueda de algún principio ético primordial que sirva como pilar para construir una ética, mencionan el “no matar”. Pero sólo alguien que viva en una caja de zapatos podría sostener esto. No existe un valor ético común a todos los hombres y que haya existido durante toda la historia de la humanidad, que sirva como principio a partir del cual se pueda deducir una ética. Cada grupo desarrolla valores éticos, que no son inmutables. Cuando se presenta un problema de ética deberá ser resuelto por el grupo. Por ejemplo, el tema del aborto, quienes posean valores cristianos puede que se opongan al mismo y quienes piensen que la madre es quien debe resolver acerca de su cuerpo y de su propia vida pensarán que será ella quien debe decidir sobre la marcha del embarazo. Al final, no serán los filósofos quienes decidan sobre este tema, sino los involucrados.

Los filósofos podrán tener valores éticos propios, pero jamás podrán desarrollar una ética que permita deducir qué hacer ante cada problema ético. Hacer que las personas entiendan esto es bastante difícil.

Bueno, si los filósofos se han alejado del conocimiento, si la ética tampoco les concierne, ¿qué les concierne? Creo que más importante que saber qué les concierne es destacar estos dos rasgos de la actividad filosófica del día de hoy: la filosofía se ha alejado del conocimiento y no tiene potestades especiales para tratar los temas de ética. Aquí ocurre lo siguiente, si hubiera dicho que la filosofía se ha alejado del conocimiento científico, muchos saltarían de alegría ya que desearían desvalorizar a la ciencia, pero no se dan cuenta de las implicaciones de esto, pues inconscientemente creen que existe un conocimiento distinto del científico al que la filosofía podría acceder con un método propio. Que la persona de la calle esté tan confundida no es de extrañar, lo grave es que estos errores son mantenidos por quienes se dedican al estudio de la filosofía.

Continuemos, si el conocimiento de la realidad ya no concierne a los filósofos, si la ética tampoco, si no existe un objeto propio o una forma propia de conocer que pueda llamarse método filosófico, ¿qué queda? Queda la acción social. Para justificarse el filósofo coloca la acción social como marco de referencia del saber. Pretende condicionar el proceso del saber a la acción social.

Para las cabecitas desprevenidas este sutil juego dialéctico puede resultar exquisito. Ahora sí existiría un principio integrador desde el que poder centralizar el proceso del conocimiento. Los marxistas pretendieron hacerlo. Recuerdo debates de juventud que sostuve con marxistas recalcitrantes que trataban de hacerme ver que existe intencionalidad en la investigación científica y que esta intencionalidad estaba implícita en la formulación de las teorías científicas. Claro, cuando les mencionaba que la teoría del electromagnetismo se cumplía de la misma manera para los capitalistas que para los marxistas entraban en crisis. Imaginen a las feministas radicales pretendiendo defender un conocimiento científico feminista distinto del conocimiento científico machista. El conocimiento de la realidad es verdadero o falso, no capitalista o marxista, feminista o machista. Los defensores de la acción social como principio epistemológico sólo pueden influir sobre personas con pocas luces. No pueden aceptar que el conocimiento de la realidad sólo se ciñe a un principio: el de la verdad. El uso que se le dé al conocimiento pertenece a otra esfera.

Sospecho que este proceso de alienación de la actividad filosófica se ha dado por la pretensión errónea de los filósofos actuales de marcar la diferencia entre ellos y los científicos, al hacerlo terminaron en un callejón sin salida. Por más sutiles que traten de ser sus argumentos dialécticos, sólo pueden tener efecto sobre personas con pocas luces.

Yo sigo creyendo en la filosofía, aunque desconfío de la mayoría de los filósofos actuales. Creo que la carrera de filosofía comete errores al privilegiar el estudio de la historia de la filosofía al del conocimiento científico. Estudiantes avanzados de filosofía poseen casi nulos conocimientos sobre ciencias. Si la filosofía busca la verdad, entonces debería formarse al filósofo en ciencias, porque si no se hace así, terminamos con seudofilósofos hábiles en el campo de la retórica y la sofística, pero completamente ignorantes. Ignorantes y resentidos, luchando por un estatus que los coloque por encima de los científicos.

La filosofía actual debería reveer su posicionamiento con respecto al conocimiento científico. Pienso que el filósofo debe buscar la verdad, posiblemente también deba preocuparse por la acción social, y, por sobre todo, ser capaz de hacer lo que he hecho con este escrito: ser capaz de desenmascarar este tipo de errores de manera que las personas pudieran pensar con mayor claridad en torno a estos problemas.

En la actualidad existen pensadores que puedo considerar filósofos, pero también me encuentro con muchas personas que se autoproclaman estudiosos de la filosofía que al expresarse deliran. Con el paso del tiempo creo que los verdaderos filósofos van surgiendo de campos distintos del específico académico-filosófico. Las facultades de filosofía forman historiadores de la filosofía, no verdaderos filósofos, especialmente por el descuido en la formación en ciencias. Tengo la sensación que de estas facultades egresan charlatanes ilustrados, no verdaderos pensadores.

En síntesis: el filósofo académico trata de crearse una identidad profesional propia, una justificación, al hacerlo se aparta de la ciencia, debe marcar alguna diferencia, pero al tratar de marcar una diferencia entra en un callejón sin salida. Posiblemente la formación académica en el área de la filosofía vaya perdiendo sentido con el paso del tiempo.
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